29/3/12

El órgano de la iglesia de Villa del Prado (I)

No podía faltar en éste blog un artículo dedicado al Órgano de la iglesia, el cual, como sabrán las personas que me conozcan, toco y cuido normalmente desde hace unos años, cuando me incorporé como organista los sábados por las tardes en el año 2002; tocando actualmente los domingos.

Para mayor información técnica sobre el órgano, y de historias y vicisitudes sucedidas desde su construcción hasta ahora, incluidas las restauraciones de 1993 y 2011, he habilitado una página aparte, dedicada en exclusiva al órgano, que se puede visitar pinchando aquí o en el botón de enlace que aparece debajo de la lista de artículos de la derecha de éste blog.

El actual órgano que vemos, con su caja de estilo barroco, quizá más bien Rococó, por sus características y formas, es una mezcla entre órgano barroco del siglo XVIII y órgano romántico de principios del XX. A lo largo de sus 260 años de historia ha tenido una serie de reformas y cuidados que felizmente lo han colocado en uso hasta nuestros días.

Su historia comienza en el año 1750, cuando la parroquia de Villa del Prado encarga al organero toledano Francisco Antonio Díaz la construcción de un órgano nuevo. El instrumento comenzó a levantarse en el balcón lateral del coro, sobre la puerta de la iglesia, mientras las piezas y tubos venían desde Toledo transportadas en carros de bueyes por el viejo camino de Escalona, atravesando El Alamín. No todo fue nuevo en éste nuevo órgano, pues parte de los tubos, incluidos los que vemos hoy en dia en la fachada, fueron aprovechados del anterior órgano, construido por Miguel Puche cien años atrás, lo cual nos da una idea de la edad de los mismos. El órgano fue finalizado en Octubre de 1751 y probado y verificado por un fraile-músico venido de Toledo, llamado Juan de Estrada.

Se pintó la caja de un color blanquecino y unos años después, en 1755, las tallas y adornos fueron doradas con pan de oro. Fue éste un órgano barroco con abundante trompetería horizontal, sonidos brillantes de llenos y címbalas, poseía además efectos de timbales. Así permaneció en uso desde entonces, con sus sucesivos organistas que lo tocaban, y sus “entonadores”, que eran generalmente jóvenes o niños del pueblo que se subían a los fuelles para darle aire. En aquella época también se usaban en el coro unos enormes libros de canto de tapas de madera y piel que todavía se conservan en la parroquia y que podemos ver pinchando aquí.

El órgano nuevo fue tocado por vez primera por D. Diego Solano, un anciano organista del pueblo. Éste se encargaba de tocar y del canto se encargaba el anciano sacerdote D. Cristóbal Sánchez Usero, cantollanista y mayordomo de la iglesia. Tiempo después la gente advirtió que algo raro pasaba en la Misa. Resulta que el organista y el cantor eran tan viejos que no oía bien uno y no tenia voz apenas el otro, por lo que se producían escenas de confusión. Reunidos para tratar el caso, los dos músicos argumentaron que estaban tan viejos y achacosos que ellos no tenian culpa de lo que pasaba, y que la parroquia debía de formar y nombrar a unos nuevos músicos, así que finalmente la parroquia se ocupó de nombrar a nuevos encargados de éstas tareas. No obstante hay que reconocer a D. Cristóbal y D. Diego su enorme labor durante sus años de dedicación en la iglesia de entonces, desde muy jóvenes hasta los casi 80 años.

La disposición de registros del órgano nuevo de 1750 era la siguiente:

-Flautado de 13 (actualmente se denomina de 8), el que vemos en fachada
-Octava, (la que vemos hoy dia también en parte en la fachada)
-Dozena clara
-Quincena clara
-Diez y novena
-LLeno en 22ª
-Zimbalas
-Corneta real (6h)
-Corneta de ecos (5h)
-Clarín de ecos
-Trompeta real
-Clarín de mano derecha
-Oboe de mano derecha
-Trompeta Magna de mano derecha
-Chirimía
-Tambores en La, sol, re.
-Timbales en La-mi-re

Llegamos al año 1888, y tras casi siglo y medio de funcionamiento, el órgano ya se encontraba por esas fechas bastante desgastado y deteriorado, y en los archivos parroquiales, encontramos peticiones del párroco para reparar a fondo el instrumento. El organero madrileño José Marlasca presentó un presupuesto de mil pesetas “para reparar lo imprescindible”, según datos de la época, pero al tratarse de una reparación parcial, en los años siguientes se sigue manifestando la necesidad de acondicionar mejor el órgano.

Por fin llegamos al año 1904, y la parroquia se halla en condiciones de realizar aquel trabajo. Se llama en ésta ocasión a un organero madrileño llamado Ricardo Rodríguez, que había aprendido el oficio de la organería al parecer con el prestigioso Aquilino Amezúa en el Pais Vasco. Ricardo realizó numerosos trabajos sobre todo en la capital, entre los que destacan la construcción del órgano de los Jerónimos para la boda de Alfonso XIII, y el de San Isidro y La Paloma. También hizo obras en la ciudad de Ávila.
El organero Ricardo Rodríguez

La manera de construir órganos había cambiado desde aquel lejano 1750, Ya estamos en 1904 y desde hace tiempo se estilan los órganos denominados “románticos”, de sonido más suave y pastoso que los barrocos, que eran más brillantes y agudos, por lo que Ricardo Rodríguez planeó una reforma total del órgano, que lo haría cambiar de lugar y de estilo sonoro. Se desmontó todo el gran instrumento y se reconstruyó su bonito mueble en el centro del coro, donde está hoy dia, La caja dejó de tener base trapezoidal y se colocó la fachada y los laterales formando una caja de base cuadrada, tal como la vemos. Éste cambio afortunadamente conservó el esplendor y belleza del instrumento. El teclado se amplió a 56 notas, de las 45 originales que tenía, y las teclas y registros se colocaron en una consola de mandos con pedalier mirando hacia la nave de la iglesia. Dentro de la caja se hizo un fuelle nuevo “al estilo moderno” como dijo D. Ricardo, y unas bombas de alimentación de aire provistas de una palanca pendular. También toda la mecánica, el “secreto” del órgano y los tiradores de los registros se hicieron nuevos. Éstos materiales los encargó Ricardo a una empresa francesa, quizá la prestigiosa “Cavaillé-Coll”, y vinieron nuevecitos embalados desde Francia, seguramente en el tren.

En cuanto a la sonoridad del instrumento, ocurrió lo siguiente: Gracias a que el presupuesto no debía ser muy alto, no se hicieron apenas tubos nuevos, sino que Ricardo aprovechó los antiguos, del barroco, añadiendo tan solo un registro de Viola, una “voz celeste”, (que en realidad es otra viola afinada de manera distinta) y una “Voz Humana”. Éste aprovechamiento de registros barrocos mezclados con románticos nos ha dado hoy en dia unas posibilidades “mixtas” para interpretar obras de las épocas del barroco y del romanticismo. Podemos dar al órgano la estética sonora de un estilo y otro. En cambio, por desgracia, en ésta reforma se suprimieron algunos registros como la “corneta”, la potente “trompeta Magna” y las “chirimías”, y los sonidos de “diecinovena y címbala” , que son muy interesantes para la música del barroco. Afortunadamente, se conservó el potente sonido de “Lleno”, y las trompetas, oboes y clarines partidos, para poder tocar en una mitad del teclado un sonido y en la otra, otro. La obra de reforma finalizó en 1905. La caja fue pintada de color verde oscuro, pero conservó la policromía y dorados originales de sus tallas barrocas. Desde 1905 a 1907 fueron sus primeros organistas D. Gregorio Gómez y después D. Alejandro Hervás.
Vista de un lateral del órgano

En 1907 fue nombrado organista D. Francisco Rodríguez Fernández, de 21 años de edad, quien cuidó del instrumento durante la friolera de más de 60 años, hasta 1970. Gracias a su dedicación se conservó en uso el aparato durante todo el siglo XX, y el órgano sobrevivió a las épocas más difíciles de abandono de órganos, que fueron la guerra de 1936, en la cual fueron arruinados los órganos de casi todos los pueblos de la Comunidad de Madrid, excepto Villa del Prado, San Martín de Valdeiglesias, Leganés y Estremera; y la posterior época de carestías y falta de presupuestos de mantenimiento de órganos viejos, que fueron los años 50 y 60. Aquella renovación que hemos citado, del año 1905, también ayudó a ésta conservación del órgano, así como el interés que tuvieron párrocos como D. Tomás Luengo, al cual le gustaba el instrumento. Éste párroco fue quien en 1961 mandó instalar el primer motor de aire, y mientras en otros pueblos, desaparecían o dejaban de usarse órganos, en Villa del Prado, se siguió utilizando.
El organista Fco. Rodrígez Fernández-Vítora

Ántes de la colocación del mencionado primer motor,  algunos niños y jóvenes se encargaban de mover la palanca de aire de los fuelles, es un hecho muy recordado hoy en dia por los que lo hicieron. Detrás del órgano, en la madera de la caja, dejaban muchas veces su firma escrita a lápiz, frases y dibujos que aún se pueden ver.

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